Entre verdes olivos y encinares
en tierras de la vieja Extremadura
podréis ver esa raza recia y pura
del ibérico cerdo entre sus pares,
pastando mansamente en sus solares,
engordando su propia desventura
pues su carne será dicha futura
y gozo de esquisitos paladares.
En redondas brochetas la han comido
los siete caballeros muy gustosos.
Por su adobo y picante comedido,
su justo punto de plancha conseguido,
elogios dispensaron generosos
que su autor recibió muy complacido.

