A ese toro tan macho y tan fornido
en trocitos el rabo le han cortado
y una vez limpio y bien despellejado
unos cuantos señores lo han comido.
Los dedos se han chupado y relamido
mil parabienes dando al estofado
de ricos vegetales amparado,
con generoso tinto consumido.
Y con harina, azúcar y canela
mezclados sabiamente en leche pura
hervida lentamente con cautela
satisfecha quedó la clientela
disfrutando el sabor y la textura
de esta vieja receta de la abuela.

