No es el hambre, tampoco el apetito
lo que fija en el plato mi mirada.
Es el ansia, aunque mal disimulada,
de catar ese hermoso besuguito
cuyo aroma caliente y exquisito
a mi gula seduce y anonada.
Sígue ahora una auténtica gozada,
un plato refinado y erudito:
son flores fabricadas en harina
en cuyo cáliz anidan misteriosos
trocitos de cordero en salsa fina.
Con mus limón y fresa genuina,
y orejas, que son postres deliciosos,
la alegre cuchipanda se termina.





