Pálidos trozos casi alabastrinos,
bacalao estupendo que te engancha
después de haber pasado por la plancha
con aceite y cachelos tan divinos.
De alta mar los trajeron los marinos
escogido de piélaga avalancha.
En el pulcro mantel sin una mancha
luce el plato sus brillos coralinos.
El flan redondo, dulce y tembloroso,
natillas acompaña con decoro
constituyendo un dúo tan sabroso
que el personal engulle presuroso
el sin par gastronómico tesoro
que es remate feliz y delicioso.





