De la plancha de hierro bien asadas
se pone en cada plato una lubina
con tres salsas a cual más peregrina
que en la mesa es de todos alabada.
De anteriores pitanzas rescatada
le prosigue una carne blanda y fina
que en un breve pasar por la cocina,
con puré de patatas adornada,
es plato apetitoso y contundente.
En el espejo oscuro y misterioso
del chocolate espeso y bien caliente
surge un bombón espeso y reluciente
que es una fruta de gusto delicioso,
broche final, brillante y sorprendente.

