Del sobrante lacón del mes pasado
se hizo el caldo, el entrante y la empanada.
¡Dios bendito, qué cosa exagerada
Que ni esta vez lo dimos terminado!
Volvió a sobrar, quedeme anonadado,
Mi alma gritó, gimió desesperada:
¡Alguien lo lleve ya y no quede nada!
Llevado fue y quedé tranquilizado.
Menos mal que una tarta de manzana,
pero no de lacón, fue sobremesa.
No hubo esta vez el canto que engalana
la hermosa voz de Paco que dimana
el son que sus amigos embelesa,
la música que a todos nos hermana.

