Tan grandes cantidades de lacón,
y de androya, de orejas y tocino
no podían tener otro destino
que, en gran parte, guardarse en el arcón.
¡Y de entrante ensalada o salpicón
que entre tanta comida ya no atino!
Y en cambio, a poco más, nos falta el vino.
Perplejo me quedé, qué confusión.
Y como si ya fuese obligatorio
que siguiese sobrando material
las filloas que preparó Tenorio
sobraron como es público y notorio.
Al arcón no fueron, menos mal,
que alguien se las llevó del refectorio.



