Si Diana, la diosa cazadora,
al fin de sus divinas cacerías
en su salón de ágapes y orgías
encontrase esa fuente tentadora
en cuyo lecho la empanada mora
tibia y blanda, olorosa, ¿qué diría?
¿Y extasiada, además, no quedaría
al respirar la esencia hechizadora
que despide el conejo en su cazuela
en divinos aromas cocinado?
Manjar de diosas digo, aunque me duela,
fue este yantar cocina de alta escuela.
Los del fogón aquí se han superado.
Alto queda el listón, alto se vuela.



