Cocochas

En la salsa de oro sumergidas,
merlúcidas medallas tan hermosas,
¿porqué a mi paladar sois tan sabrosas,
porqué tan felizmente recibidas?

¿Qué manos,  de qué magia revestidas,
con qué artes, que estimo misteriosas,
consiguen que estas joyas delici osas
por nuestras bocas sean bendecidas?

Fue Castro el cocinero prodigioso
que tal delicia puso en el mantel.
Siguióle un arroz fino, otro más groso,

ambos los dos de gusto primoroso
acompañando a un conejo del Caurel,
suave, en su punto, sutil y sabroso.

       

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Publicado en on Enero 20, 2006 at 9:04 pm Dejar un comentario

Conejo a la cazadora

Si Diana, la diosa cazadora,
al fin de sus divinas cacerías
en su salón de ágapes y orgías
encontrase esa fuente tentadora

en cuyo lecho la empanada mora
tibia y blanda, olorosa, ¿qué diría?
¿Y extasiada, además, no quedaría
al respirar la esencia hechizadora

que despide el conejo en su cazuela
en divinos aromas cocinado?
Manjar de diosas digo, aunque me duela,

fue este yantar cocina de alta  escuela.
Los del fogón aquí se han superado.
Alto queda  el listón, alto se vuela.

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Publicado en on Enero 12, 2006 at 7:23 pm Dejar un comentario