¡Vive Dios que me quedo anonadado
ante tanta destreza y maestría!
qué lacón con grelos ¡madre mía!
el bueno de Raimundo ha preparado.
Sus patatas, su chorizo colorado,
la cacheira que es pura poesía,
princesa en la local gastronomía,
consorte del lacón tan sonrosado
que en su punto ideal, casi perfecto,
por todos mereció mil bendiciones.
Siguieron como postre unas orejas
preparadas por Curro y que, en efecto,
despertaron sabrosas emociones,
gemidos de placer y dulces quejas.

